¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos?


El mundo nos parece loco. No lo entendemos. No es el mundo en el que crecimos y al que aprendimos o intentamos aprender a entender. Ese mundo que, para mi imaginario, comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, un mundo con ciertas reglas y ciertos "buenos y malos", o sea, un mundo en "guerra fría" parece no regirse por los mismos lineamientos ni seguir los mismso libretos. Los principales protagonistas parecen haber cambiado. Las respuestas no parecen ser las esperadas. A no ser que, todo siga siendo lo mismo en el fondo de la cuestión, y en las apariencias, las señales intenten mostrar otra cosa. Por lo menos esa es la explicación que mi mente intenta buscar para que la disonancia cognitiva no tome el control.

En estos días en que escribo este artículo, los escenarios más calientes de esta "Guerra Fría 2.0" (que ojalá sea una manifestación de que el final está cerca, uno siempre tiene esa esperanza, emoji de manitos juntas, perdón, es la costumbre que deja la mentalidad de la X!), son los de Bolivia y España. Es difícil encontrar dos ejemplos más ubicados en las antípodas, que el de estos dos casos. Por un lado, el Presidente Paz, quien asumió el cargo hace escasos seis meses, está sufriendo un muy organizado intento de golpe de Estado por parte del opositor, imputado y prófugo Evo Morales, quien obtuviera un mísero tres por ciento en las últimas elecciones. Si bien los exponentes más extrovertidos de la política americana ya han fijado posición, no es así en todos los casos. Por ejemplo, el colombiano Petro, de quien hablaremos más adelante en este artículo, ha declarado a favor del golpe y los golpistas, mientras que el Presidente Milei, de Argentina, ha defendido al Presidente Constitucional, Rodrigo Paz Pereira, quien fuera elegido por más de la mitad del pueblo boliviano. Uruguay no ha tomado posición todavía, aunque ya sabemos de qué lado está el gobierno. El caso de España es similar, pero con los símbolos ideológicos opuestos, con muchísimo más poder acumulado a lo largo de los años por parte del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con muchísima menos organización y ánimo golpista por parte de los manifestantes en su contra. Y el mismo silencio por parte de nuestro gobierno, aunque también, ya sabemos de qué lado está.

En nuestra vecina Argentina, los ataques al gobierno de Javier "el Javo" Milei son mucho menos explosivos y televisables que los de Bolivia y España. Las "bombas" son mediáticas, acusaciones a figuras del gobierno liberal libertario que aparecen en los medios de prensa tradicionales, que ya está más que probado están ensobrados por la oposición peronista/kirchnerista, financiados directamente en origen por el mismísimo servicio de inteligencia del dictador Putin para atacar al primer gobierno de la historia argentina que se ha propuesto desmantelar el sistema de corrupción corporativista que ha hecho decaer a la que fuera una potencia mundial hacia fines del siglo XIX, en un declive constante desde el primer golpe por parte del peronismo hace ochenta años. Mismo caso, ya sabemos de qué lado está el gobierno uruguayo.
Colombia es un caso aparte, y lo peor es que se trata del próximo país cuyo futuro se jugará de forma decisva en elecciones, ahora nomás, el domingo 31 de mayo de este año 2026. Muchas veces se dice que somos una versión de Argentina mucho más chica, pero en estas cuestiones más íntimas, en realidad nos parecemos mucho más a los colombianos, o a los brasileros, ya vamos a ver. Lo que sucede en la campaña electoral colombiana es trístemente patético. Petro, quien parecía una versión "tranquila" del Foro de San Pablo, algo así como lo fue Boric en Chile (por cierto, en Chile también están intentando un golpe contra el Presidente Kast, pero por el momento no hay mayores novedades, la cuestión parece controlada), pero Petro mostró sus garras y llegó incluso a pedir un golpe de Estado contra el Presidente Trump desde los propios Estados Unidos de América, algo que puede parecer "simpático" a simple vista, pero que representa un gravísimo acontecimiento internacional. Resulta que Petro buca perpetuar su poder por medio de su candidato "delfín", a quien ha designado como sucesor, Iván Cepeda. Y qué está ocurriendo en las elecciones colombianas, pues algo demasiado parecido a lo que podría suceder en Uruguay. La oposición está dispersa. Los tres candidatos se ocupan de atacarse mutuamente en lugar de hacer oposición al gobierno de Petro/Cepeda. Por un lado Paloma Valencia, proveniente del uribismo, hace su propia campaña, y está bien, pero no marca diferencia con el oficialismo. El otro candidato es Abelardo de la Espriella, un candidato disruptivo, de la "nueva derecha" (sea lo que sea que eso signifique), que utiliza su parecido físico con Bukele para mostrar una imagen de ruptura con "lo anterior", pero que parece criticar más a los candidatos de la oposición, que al oficialismo chavista. Por otra parte, Sergio Fajardo, también preocupado por su propia campaña, pero con ataques hacia Valencia y de la Espriella, se muestra como "outsider", como que él no tiene nada que ver con nadie. Igual, ya sabemos de qué lado está nuestro gobierno.
En cuestiones internacionales más lejanas, pero no demasiado diferentes, Europa se encuentra en una posición mucho más cercana al origen de todos estos conflictos. Han quedado prácticamente solos apoyando a la invadida Ucrania frente la constante pero afortunadamente menguante agresión del dictador Putin y su guerra imperialista, ya que Estados Unidos se ha ido lavando las manos en cuanto a este apoyo, siempre coqueteando más con el agresor que con las víctimas. Por suerte, uno de los más fieles aliados de Putin, el húngaro Orbán, ha perdido las elecciones y ya no representa un obstáculo para el apoyo a Ucrania dentro de la UE. Resulta increíble, hasta ahora no he podido encontrar una explicación más que "afinidad conservadora", para la presencia de Orbán en la asunción de Milei, así como para el hecho de que tantos "liberales" lo derendieran. Ahora Putin cuenta con un aliado, aunque menos fuerte, en el eslovaco (no confundir Eslovaquia con Eslovenia) Robert Fico, veremos qué sucede. Pero lo más grave que podría suceder en Europa son un posible coqueteo con Putin por parte de Nigel Farage (Reform UK) en el Reino Unido, o más grave aún, una posible victoria de AfD (Alternativa Por Alemania), un partido que visiblemente es mayoritario en la antigua Alemania del Este, casualmente, o no tanto, un territorio que hasta 1989 (caída del muro de Berlín) era parte de la Unión Soviética, y que justamente era Putin el encargado de la KGB en esa ciudad. Los alemanes del Este parecen estar con nostalgia de la dictaura rusa, y eso podría llevar al resto del país más poderoso de Europa directo a las fauces del monstruo.

Al no poder ya invadir nuevos territorios en Ucrania, debido a que el agredido ha sabido defenderse con gran agilidad, tecnología, empeño, resiliencia e innovación, Rusia podría buscar una nueva víctima. Si Putin ataca, por ejemplo, a uno de los países bálticos, Estonia, Latvia o Lituania, la Uniión Europea podría tardar demasiado tiempo en responder. Los tres países bálticos (y ahora por suerte con el nuevo apoyo de Finlandia y Suecia, efecto directo de la invasión rusa a Ucrania), muy pequeños en tamaño, podrían ser rápidamente tomados por la fuerza (bruta, porque otra calificación no le cabe) por parte de los orcos de Putin, a pesar de que el país agresor cuenta con una sombra de lo que alguna vez fueron sus fuerzas armadas, más propaganda que realidad. Pero si Rusia ocupa uno, dos, o los tres países bálticos, la respuesta de Europa podría llegar a ser trágicamente ineficaz, entre las demoras burocráticas y ese temor arraigado de la guerra fría a "no escalar" (aunque si invadir un país de la UE y la OTAN no es "escalar", no sé qué lo sería), podrían agregar un nuevo escenario de guerra de atrición estancada, ahora en dos frentes (o tres, si contamos Irán). 

Para ir cerrando, volvamos un poco a nuestra región. ¿Podrá ser nuestro vecino Brasil, cuna del Foro de San Pablo (junto al dictador Fidel Castro en 1990) la esperanza para un repliegue definitivo de esta agrupación del mal, este "mundo multipolar", aunque de "múltiple" tiene poco y siempre, y por donde se lo mire, hay dos polos nada más? ¿Podrá Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex Presidente Jaír, iniciar un cambio en América que sea, ahora sí más firme junto a Milei, Paz, el paraguayo Peña y el chileno Kast? No hay demasiadas esperanzas de que haya un cambio en Colombia, pero, también. ¿Veremos el colapso de la economía de guerra de Putin, y con él su apoyo a la dictadura asesina de los ayatolás de Irán, que as su vez financian a los grupos terroristas genocidas de Hezbolá, Hamás y los Hutíes? El presupuesto y las reservas rusas están llegando a su fin, a no ser que le esté llegando ayuda desde otros lugares (no quedan más posibilidades que sea desde China o EEUU, pero eso es un enorme enigma, para otra etapa de la humanidad, primero hay que resolver esto otro).


El Derecho Internacional ha muerto, así como fue inútil el desgarrador reclamos del rey Haile Selassie de Etiopía ante la entonces "sociedad de naciones", antecesora de la ONU invasión de Mussolini en 1935, o los innumerables intentos del Presidente Zelenski de Ucrania ante la invasión rusa de 2022, o la masacre genocida de Hamás perpetrada contra el Estado de Israel el 7 de octubre de 2023. Nadie hizo nada por estos hechos. Fueron las víctimas las que se han defendido y lo continúan haciendo. Los pueblos oprimidos ya no pueden esperar a que alguien venga a salvarlos, aunque no estaría mal un poco más de ayuda al pueblo venezolano como la que ya le diera EEUU al remover al narcodictador Maduro, y que podrían repetir terminando con la dictadura que ya va rumbo a ser de las más largas de la historia, 67 años, de los Castro y su empresa monopólica "GAESA" en Cuba. Con esto, el Secretario de Estado de los EEUU "Marquitos" Rubio podría anotarse un gran "poroto" liberando a su pueblo cubano, pero también iniciando una nueva página de la historia de América toda y el mundo. No hay que "parar el mundo", dijera Mafalda, sólo hay que ver de qué lado se está, aunque parezca difícil ver bien cuáles son los "buenos" y cuáles los "malos". El humo campea por todos lados, pero con honestidad, uno sabe para dónde ir.

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